Comenzábamos la sesión de comunión en el sereno parque de El Conde de Tafalla, rodeados de la frescura y el verdor que solo la primavera puede ofrecer. Paseábamos entre los frondosos árboles, cuando de repente la lluvia nos sorprendió, algo que no habíamos previsto. Sin embargo, en lugar de dejar que el clima arruinara nuestra jornada, decidimos buscar refugio en la majestuosa Iglesia-Fortaleza de Ujué. Allí, bajo los arcos robustos y los grandes muros de piedra, continuamos con nuestras fotografías, dejando que el sonido del txistu, tocado con por Aroa, llenara el aire con melodías vibrantes.
A medida que avanzaba la sesión, los nubarrones comenzaron a dispersarse, revelando destellos de sol que iluminaban el entorno con una cálida luz dorada. Aprovechamos este regalo del clima para salir al exterior y capturar esos instantes especiales junto a su hermano.
La conexión que había, la música resonando en la fortaleza y el brillo del sol en nuestros rostros, hicieron que cada fotografía fuera una verdadera obra de arte, inmortalizando no solo la comunión, sino también la magia de un día lleno de sorpresas.